viernes, 29 de abril de 2016

Otra vez

Ya no sé qué decir, lo que parecía lejano, hoy, está cada vez más cerca. Cuando siento que te extraño, no estoy segura que así sea. Es enfermo querer lo que te lastima, sin embargo, es enfermo ser vos. Entonces me encuentro en la duda, en la de cuál de los dos está peor.
Comenzando con el principio, no hay tal principio. Sólo veo cómo, cada vez, está más cerca el final, quizás el tuyo, quizás el mío; aunque tu final, es mi final. Porque creo que, dentro de lo enfermo de ésto, te apropiaste de mi camino, y si tu fin está presente, el mío también lo estará. No creo que el mío sea tan literal, la cobardía, la presión ajena... pero el tuyo, el deterioro, si tan solo te dieras una oportunidad.
No necesito ponerme en tus zapatos para vivirlo, porque día a día cargo con la culpa de que ya nada sea igual. Y qué puedo pensar si éstos muros de amor se caen a pedazos incluso antes de mi nacimiento, ¿y yo qué fui? además de la inocencia que te hizo pelear menos ¿o más? No hay un solo día en el que no intente entender qué está sucediendo, y aún así, todo es en vano. Faltan piezas, faltan palabras, falta verdad. Hace un par de años solía escuchar que todavía era demasiado chica para entender algunas cosas, pero, ¿qué tal si me sacás de ésta incógnita de una vez? El golpe es duro, sí, quizás. Pero las cosas que cargo en la espalda, creeme, lo son aún más. Quiero respuestas de quienes pueden dármelas, ésto no es una película, ésto es mi vida. Y si pudiese cambiarla toda por un minuto de verdad, para entender qué hago acá, creeme, ya lo habría hecho, pero vuelvo a repetir: ésto no es una película, y las cosas no van a suceder por arte de magia, aunque a veces fantaseé con la idea de los tres juntos cenando, en lo posible, por favor, en silencio; porque las cosas que quiero oír, no las hablarán en ésta mesa imaginaria. Eso sólo te quita el hambre y otra vez intentas esforzarte, aunque tragar la comida se siente como una asfixia, así como deben sentirse ustedes con la verdad que ocultan, sólo para complacer a los demás. Pero sigo sin respuestas, porque son fantasías, porque la mesa no existe, porque la comida no está servida, porque no somos tres, somos dos. Simplemente soy una piba sola, con un gato endemoniado, una perra gorda, parecida a una garrafa y uno anoréxico. 
Mi familia, los Montesco y los Capuleto, un espectáculo, ¿y por qué así tiene que ser? No quiero más preguntas, quiero respuestas, y no te las exijo a vos, más o menos, pero más bien me las exijo a mi.
Mis actitudes son extrañas, porque ya nada me molesta, ya nada me duele (mentira) después de ver la tristeza y engaño en tus ojos mojados, ya nada me sorprende, por supuesto con respecto a mi vida. Porque en el único momento que me siento sorprendida es cuando observo en primavera la alergia en mi nariz (gracias Montevideo), observar cómo un día hay una rama, y al siguiente la noto más verde, y un par de días después, ya floreció.
En verano, en verano no me baño, no mucho, casi nada, muy poco, si cada vez que salgo estoy empapada otra vez, pero ya me había secado con la toalla. Aunque el orto (de tu vieja) y el ocaso, son de lo más disfrutable, y a decir verdad, ahí sí me encuentro sorprendida, más de lo normal.¿Y las frutas? ¿A quién no le gustan las frutas? A Tatiana, pero... ¿a quién más?. Y en otoño, varias veces en mi recorrido observé la variación de colores de las hojas, un día verde, luego se entremezcla con amarillo para quedarse con éste último. De repente, el mismo árbol, los mismos ojos observadores ven un rojizo, que, a decir verdad, vuelve a mi el recuerdo del fuego inmenso de los atardeceres. Y en invierno, la culminación de éste. Las lluvias, las camperas, los buzos... ¿cuántos? ¿tres, cuatro?. El fuego, mi elemento favorito, aunque "el fuego es asesino" ¡y cuántos de nosotros lo somos! La cama calentita, los capuccinos de vainilla, la ropa colgada que se secó, al pedo, porque en la distracción de quedarse colgado mirando Breaking Bad, a los tres minutos oís la típica frase: "LA ROPAAAA" y vos pensás "callate, Mike está haciendo de las suyas". Salís, te mojás, se te congela el cuerpo, la colgas en las sillas y esperás que se seque, mientras volvés a tu serie. En fin, ahí me siento sorprendida, ahí siento que muchos de nosotros estamos pensando en lo mismo, y quizás ahí no me siento tan sola. 

Otra vez hablando de estaciones para finalizar e ir a acostarme, porque si no hablo de lo que me llena, el vacío es indispensable 

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