domingo, 21 de febrero de 2016

Calle 1, 2 y 3.

Cuando las palabras ya no funcionan como liberación
los pensamientos desbordan tu conciencia
y la inocencia de los sentimientos y la confianza
se desvanecen en cada esquina en la que te encuentro
cuando menos deseo voltear la cabeza,
y cuando más me aterra mirar hacia adelante.

Cuando me encuentro estancada en la irritabilidad;
la desesperación que me genera por fin entender que,
el pasado amarra y el futuro...
el futuro zozobra.

Anhelar tener la cama más pequeña
para no sentirse como un pez,
uno de esos que siempre estuvieron dentro de una pecera
y un día, una niña, arrojó al océano.

Y... ¿te acordás cuando por primera vez
le quitaste las rueditas a tu bicicleta?
tan grande era el deseo,
tan victorioso el camino,
y aunque un poco ansioso y otro asustado,
el miedo se había apartado.

Siempre estuviste seguro de la fiel compañía que tenías al lado.
En algún momento pensaste:
"puedo andar toda mi vida con éstas rueditas"
Sí. Avanzarías de todos modos.
¿Y el riesgo? ¿La pérdida? pensás ahora.

La pérdida que trae cosas nuevas,
la pérdida que das por perdida aunque en verdad...
mejora, renueva.
La caída, el sangrado, el dolor;
el llanto, el temor, la negación.
El amor, la sanación, la recuperación;
el valor, el querer, el poder.

Todo eso se logra con un golpe,
todo eso se logra con mirarte y entender
que aunque no seas el mismo de ayer...
tampoco yo lo seré.


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