miércoles, 16 de diciembre de 2015

verde

Solo compartieron un par de horas,
un vino en caja, un lugar verde 
para salir de la rutina del gris de Montevideo;
el viaje en ómnibus, el viaje mental.
"Todos los días son iguales" dijo,
"nunca cambian..."
Ella quedó desconcertada, ¿tendría razón?
si por unas horas y algunos minutos 
ese día había sido distinto, mágico;
ella se sentía libre, aunque se mantuvo callada,
pero su mente le gritaba al acompañante
"desde hoy, ¡¡ya no hay más días iguales!!"
y esperó en silencio porque no habría palabra
para expresar el movimiento que sentía bajo sus pies,
bajo su terreno. No habría palabra alguna
para tal invasión, a la que se entregó en cuerpo y alma.
Todo fue parte de ella esa madrugada de invierno
y si aguantó el frío, fue por cómo la libertad la abrazó
y le dio la oportunidad de, no vivir, sentir el hoy
como si no hubiera un mañana, como si esa noche
su vida comenzara.
Y por eso lo recuerda,
porque fue fugaz, pero dejó huella,
tocó tan hondo y delicado, 
sin manos,
sin palabras. 
Hoy ella me discute, que no todos los días son iguales;
porque aunque esa fue tu frase, le enseñaste que no es así.

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