sábado, 1 de agosto de 2015

Trébol

Siempre me cuestioné si iba a tus cumpleaños por amor o compromiso, y ¡qué duda! si hasta el día de hoy sigo creyendo que un poco de compromiso hay en nuestras visitas, y aunque hayas destrozado mi alma entera algo de amor siempre quedaba para vos. Cuando me cruzo con los padres suelo preguntarles cuál es su hijo favorito, ellos (algunos) contestan que no hay un favorito, de todos modos siempre creí que sí. No sé si habrá sido porque te escuché decirle a mi madre que preferías vivir con ella y si yo no estaba te daba igual, pero desde ese día que no supiste qué cara ponerme o qué mentira formular entendí que favoritos sí los hay, y créeme que no sos de mis personas favoritas, lo dejaste de ser hace mucho tiempo ya. Y no sé si fue cuando te escuché golpear cosas desde la pancita de mamá, o cuando me llevabas a andar en bicicleta; a jugar al fútbol; a patinar... siempre con un trago de más. De más como esos te amo que te decía tan llenos de mentira y rabia, esa que sembraste sin preguntarme siquiera, si era algo con lo que pudiese lidiar. Pero si te interesa saber, de a poco me voy deshaciendo de esas cosas que me mal acostumbraste a hacer, como comerme las uñas o bañarme a las seis de la mañana porque sí. Si es algo que te preocupa, estoy dejando de ser como vos, antes la palabra "chau" no estaba en mi diccionario, y si era momento de despedirme iba a ser con un "hasta luego" así por lo menos tendría la certeza de volver a verte; pero ahora ya no me interesa, y si hay algo que tengo ganas de decir hace tiempo es que deseo que te vaya muy bien, que sigas tu camino, que nosotros no nos tendríamos que haber cruzado, y que lamento haber dado por vos lo que nunca supiste dar. Lamento haber entendido tu soledad y hacerme cargo de vos como si fueses mi hijo o alguien que de mi dependiese para salir adelante; "chau". Pero que difícil se me hace odiarte, y qué lástima no haber aprendido eso de vos, por ahí las cosas serían más fáciles y probablemente ya hubiese dicho adiós. Y te voy a seguir llorando, todas las noches que regaste mi soledad y ahogaste mi futuro por no saber de mi cuidar, pero ya no mereces más lágrimas, cuando me seque y brote nuevamente, como un pequeño milagro, como desees llamarlo, ya no voy a estar en tu ventana absorbiendo los rayos del sol, voy a estar sobre la reja de alguien más, alguien que decida al menos acompañarme en ésta 'no' libertad, como los tréboles, únicamente de tres hojas porque los de la suerte ya no están en mi lugar.

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