lunes, 13 de julio de 2015

Kwik-E-Mart

Fueron días raros, se comportaron como enemigos. No hubo compañía, o no la noté. Había tomado una decisión para enfrentar esto y definitivamente no había sido la acertada, otra vez. Buscar atención es agotador, no buscarla lo es aún más. Noté que estaba dando pasos hacia atrás, quedando finalmente en la oscuridad, como en el capítulo de Los Simpsons y Padre de familia, cuando Peter entra al Kwik-E-Mart y conoce a Homero, quien estaba escondido en un rincón oscuro, probablemente comiendo rosquillas. Igual no sé qué tiene que ver (además de la parte oscura) pero me gusta hablar de Los Simpsons, porque cuando era chica los miraba con mi padre y aunque no entendía me reía igual, y eso hace tiempo que no pasa. No hablo de mirar Los Simpsons con mi padre, hablo de reírme sin entender, darme la libertad de no tener la necesidad de que algo me de gracia para reírme. Simplemente reír. Y me gusta recordar el capítulo en el que Marge está enojadísima con Homero y éste la lleva a un Motel. Bart, Maggie y Lisa quedan a cargo de una niñera, que en realidad es una ladrona, y recuerdo el miedo que me causaba, y ni idea por qué tanto miedo si yo nunca iba a tener una niñera. Volviendo al sentimiento, observé que es más fácil entrar que salir. Cuando no obtengo los resultados que quiero o necesito, ella me hace compañía, y por un momento se siente bien. De repente, la oscuridad es tal que ya es imposible ver. Quizás, al principio, no estaba tan preocupada porque mientras entraba en ella aún observaba aquel lugarcito con luz, ese espacio que sabía que estaría ahí por si quería regresar a la realidad. Como cuando a los niños se les ocurre agarrar un palo e ir arrastrándolo por toda la calle, creando un camino. Así me sentía yo. Como cuando en las películas sugieren que el más héroe del lugar tome una cuerda para atarla al destino, y regrese, para así llegar todos juntos. Pero, ¿quién me acompañaba al destino? Yo era el héroe, y lo era porque no había nadie más. Y a medida que daba un paso, se alejaba, y sin siquiera darme un minuto para respirar, para digerir lo que estaba sucediendo, desapareció. Es difícil entender quién es el enemigo acá, si la oscuridad o la luz, si el otro o uno mismo. Por el contrario, es fácil echar culpas. 
He estado tratando de entender suficientes cosas como para darme cuenta que algunas no tienen explicación. Como esa frase que dice que "cuando una puerta se cierra, otra se abre" ¿y qué? Si yo abrí una puerta fue porque lo elegí. Y así se cierre una y se abran tres, no es elección mía. Y en realidad no sé qué es elección mía. Aunque una de mis elecciones fue dejar de pedir ayuda, y si querés que te diga qué me pasó, la respuesta es: nada. Fue incluso peor que antes. Fue rendirse y ver como me rendía, y como todos se rendían a mi al rededor. Por mi, por ellos. Yo quería abrazos pero mi cuerpo los rechazaba, al principio eran excusas, "no, pará, estoy mirando éste capítulo de los padrinos mágicos que nunca lo vi" o "dejame mandar un mensaje primero." Pero me marchité y ya no había inspiración para excusas, entonces simplemente decía "salí" 
Me preguntaban si quería habar(SI) no... no; no quiero hablar. ¿Por qué querría hablar? ¿crees que tengo algo de qué hablar? (claro que quiero hablar, tengo un millón de cosas de que hablar) A parte para qué querés hablar si no me entendés, pensaba (a parte para qué quiero hablar si no me entiendo) ¿qué tenés para decir que cambie algo de lo que estoy sintiendo? (por favor, decí algo que me haga sentir mejor) 
Estoy desesperada, pero no me he estado comiendo las uñas. Todo se está manifestando adentro mío, y realmente prefería cuando las cosas eran digeridas, expulsadas, por asqueroso que suene, finalizando con su trayectoria en la vida tirando de la cadena, yéndose al pozo negro. Asqueroso, pero sano. 

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