jueves, 30 de julio de 2015

Imbécil

Estoy pensando en lo imbécil que sos y en lo injusto que es tener que ser yo quién decida irse pero también tener que ser yo quién empiece a extrañar. Ser yo la que se va porque no te aguanta, ser yo quién vuelve porque no puede estar sin tus tortillas de arroz. Te odio, porque hacés las cosas mal y te chupa tanto un huevo que no te parás a ver como están los demás. Y lo peor es que no te odio, te amo. ¿Para qué? Si no obtengo ni la mitad de lo que soy capaz de entregar por vos. O capaz que sí, y es tanto que no lo puedo aguantar. No pretendas ser mi amiga y discutir las cosas como tal, porque hasta la amiga más basura que fui es capaz de preguntarle a cualquiera cómo está. No pretendo que te metas en éste agujero lleno de mierda, espero que se te ocurra la brillante pero cliché idea de traer una escalerita del orto y ayudarme a salir. Pero trato de convencerme de que no me importa si no te importa. Trato de convencerme de que también estás metida en un pozo lleno de agujas que te perforan la piel y por eso, justamente por eso, estás tan amigada con ese enorme círuclo que veo que te rodea, ese que tenés como carcasa, como protección. Y creo que tendrías que empezar a abrirla más seguido, de vos aprendí que si estás en la oscuridad en ella te convertís, no obstante, no das el ejemplo. No te quiero ver más.
Aunque sabemos que es mentira.
Y que mañana voy a volver.
Y lo odio.

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