jueves, 25 de junio de 2015

Señor

Hace unos minutos, creo que estaba regresando a mi hogar, volvía de hacer un par de ejercicios que le pondrían fin a ésta mitad del año, para comenzar una nueva etapa. Venía escuchando alguna cosa desde el celular, y a lo lejos vi a un señor, dejando pasar a un auto, para luego poder seguir. Tenía las manos en sus bolsillos, y la cabeza gacha, aunque a veces la levantaba para respirar. Noté en seguida que nos íbamos a cruzar, y con la inseguridad que hay, esa que los medios aprovechan para vendernos miedo y prohibirnos luchar, lo único que se me ocurrió fue guardar el celular. En seguida me sentí absurda, y lo volví a sacar, pero debo admitir que el corazón acelerado, se me paralizó cuando oí un "hola, ¿cómo estás?". Quedé unos segundos en silencio, aunque en mi cabeza fueron horas, y miré para atrás, sin miedo, porque me planteé no huir más, y mirando a aquel señor sin rostro, sonreí, y contesté. Le dije que estaba bien, aunque no fue más que una mentira, pero más me importaba aquel hombre desconocido y quise saber cómo estaba él. Quizás notó que no sabía con quién hablaba, y se acercó mintiéndome también... "estoy bien".
Hubo algunos minutos de silencio, en los que nos decíamos lo mal que estábamos. "Seguís viviendo por acá?" preguntó, "claro que sigo viviendo por acá" contesté, "es que no se te ve nunca" agregó. 
El hombre sin rostro ya se había vuelto parte de mi vida, porque él me recordaba, y notaba mi ausencia, esa que quise que noten tantas personas que jamás notaron, y creo que un desconocido me dio lo que necesitaba. "Lo que pasa es que estoy yendo al liceo de noche, y paso el día estudiando" no pude contestar con sinceridad, ya que lo único que podría darle en ese momento, hubiese sido un par de lágrimas, una voz rota, y quizás un abrazo por pura necesidad de sentir a alguien que me entienda. "¿En que año estás?" preguntó, seguramente, porque él también necesitaba hablar. Le comenté que estaba en 4to año, se sorprendió como si me conociera de toda la vida, le dije que a decir verdad tendría que estar en sexto, me preguntó que edad tenía, le contesté que estoy por cumplir 18, y escuché el típico "¡qué grande estás!" y las luces de un auto alumbraron su cara, y reconocí a aquel señor. "¿Todo bien?" le pregunté, pensando infinitas respuestas que podría escuchar. "Estoy yendo a comprar algunas cosas, así por lo menos me puedo despejar", cuando oí eso pude reír, porque obtuve la respuesta con más sinceridad, y ojalá pudiese salir más seguido, con excusas, para poderme despejar. Nos despedimos, y cada uno siguió su rumbo, él caminaba hacia su destino, que era a una cuadra de aquel lugar de donde yo regresaba, yo caminaba hacia mi destino, que era a una cuadra del lugar de donde él salía. Y mientras pensaba en aquella charla, recordé a sus dos perros rottweiler, esos que cuando era chica  y acompañaba a mi perro a pasear, me daban terror porque en algún momento creí que lo podían lastimar. Y recordé al señor saludando a mi padre en alguna ocasión, y no sé si acompañado, pero sé que no tan solo como hoy. Y gracias a el señor desconocido, me siento un poco mejor.

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