lunes, 8 de junio de 2015

¿Perdón?

Te pido perdón por enredarte en mis neuronas, y por traer una tormenta a tu vida.
Quiero pedirte perdón por tener siempre el maquillaje corrido, y por comerme las uñas cuando estoy nerviosa.
Me gustaría que sepas perdonar el hecho de que me cueste ser puntual, y no lo hago para arreglarme, yo sé que te gusta verme natural. A veces solamente necesito estar colgada un rato, porque tengo otros mundos además del que conocés, y me cuesta manejar todo, y no quiero que vos lo intentes.
Hago el esfuerzo de que me perdones por mirarte tanto a los ojos cuando me hablás, lo que pasa es que me gusta el color verde, y de éste los acompañás. Y si te incomoda que mire al piso cuando es mi turno de  hablar, perdoname, tener la cabeza en alto es algo que no se me da. 
Perdoname por prender un cigarrillo cada cinco minutos, y por no saber dejar los pies quietos, es que a decir verdad estoy un poco incómoda, pero tranquilo, vos no te preocupes que me encargo yo de buscar la paz.
Y quisiera que me disculpes por ser tan retraída, la timidez causa cosas que ni te podés imaginar.
Intento disculparme por aquellas veces en las que te acompañé a los supermercados, porque no puedo evitar subirme a un carrito y pedirte que me lleves, aunque los niños me miren extrañados.
Y perdón por esas noches a las 3 de la mañana en las que me levanto de la cama sin decir una palabra y me pongo a ordenar, porque es tanto el desorden en mi cabeza que no puedo tolerarlo más.
Y en verdad no sé si quiero que me perdones.
En realidad me gusta ser así.
Me divierte levantarme y mirarme en el espejo, y no ver mi maquillaje corrido, ni mi pelo sucio, ni mis ojos cansados, más me gusta ver todo lo que te puedo dar.
Y no sé si quiero que me disculpes por no ser puntual, porque siendo sincera me gusta esa sensación de incomodo y no saber a dónde mirar, cuando estás ahí, hace rato, y yo recién estoy por llegar.
Y no me preocupa incomodarte porque realmente no sé si lo estás.
No me interesa que me perdones el hecho de que solamente mire al piso cuando te hablo, porque aunque vos no sepas, siempre hay piedras con formas extrañas, que me dan un montón de ideas de qué hablar. 
Y no te quiero pedir perdón por no adaptarme a un solo lugar, porque me gusta ser así, nómada, ambulante.
Y no sé si me interesa no prestar atención al caminar, porque todos los días hallo algo nuevo de lo que puedo disfrutar, y quizás siempre estuvo ahí, y no lo vi, pero aún así me hace pensar.
No necesito que me perdones.

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