sábado, 2 de mayo de 2015

Lluvia de otoño

Camino bajo un gris cielo, tierra mojada que empapa los cordones de mis championes, las gotas de lluvia plasmadas en mi rostro disimulan dos, tres, cuatro lágrimas llenas de dolor e incomprensión, el cielo que refleja el color de mis ojos, acompaña mi melancolía, la lluvia recorre las calles creando su propio camino, imponiéndose ante la dura realidad de mi ciudad. 
Los autos veloces e indiferentes, pasan cerca de mi sin piedad y me mojan un poco más, y ¿qué más da? si mi llanto ha alcanzado hasta mis manos.
No puedo diferenciar el agua de los charcos, ni mis ojos, ni las nubes, ni esas pequeñas gotas que caen acariciando los paraguas de algunas señoras, amas de casa, que aún en éstos días difíciles, tan grises y llenos de fracasos, luchan contra una subida algo resbaladiza para ir a comprar pan.
Y las calles se transforman en ríos, como mis mejillas en éste momento.
Y las cunetas no sirven de nada si la lluvia es quién tiene la fuerza para decidir, firme y segura, donde sea, con quien sea, feroz lluvia que me acompaña éste 2 de mayo.
Elevando mi cabeza a lo más alto y cerrando suavemente los ojos, estoy en donde quiero estar, y hace frío, pero es agradable.
Estoy llegando a mi destino, el portón más mojado que mis ojos, penetra mi buzo celeste viejo agujereado... me quedo sin tinta... y las hojas en las que me expreso se empapan... y no sé si es la lluvia, o si es mi tristeza.
¿La lluvia, o mi tristeza? 

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