jueves, 7 de mayo de 2015

En el otro lado

En el otro lado de la calle cerca de aquel valle me espera un hombre callado algo desestabilizado. En el otro lado de la calle aquel que hace que mi cabeza estalle no me espera ningún hombre y no es algo que me asombre. En el otro lado siento que nada es acertado, en el otro lado espero a aquel hombre asustado. En el otro lado suelo hablar con el hombre calmado, aunque a veces se pone violento y me pide que golpeé el cemento. En el otro lado el hombre me enloquece y aunque a veces me abrace me pide que lo deje, me pide que me aleje. Y yo me pregunto si el hombre recordará que yo no le di ni mi nombre y ya se apoderó de mi vida, y me la quitó de las manos. 
Hombre que no veo porque se oculta en las sombras, hombre cobarde que sólo se acerca cuando estoy débil, y patea mi estómago hasta ver sangre en mis labios. Hombre que se cree grande y sólo es un pequeño estado de ánimo, que cree que puede vencer a cualquiera que se atraviesa en su camino, y está equivocado. Hombre que sacude la cuerda floja en la que camina mi alma, y saca el algodón de azúcar del piso para convertirlo en nada menos que un montón de rocas filosas en las que me desvanezco cuando entro en ésta oscuridad. Hombre que promete dar lo que necesito después de sufrir lo que debo. Hombre de cara tachada por un montón de lineas negras. Hombre con una guitarra en sus manos con las que sigue una melodía que acompaña al ambiente, algo triste, algo cansada, algo solitaria. Un poco de todo. Hombre que no quiero ver más pero lo necesito tanto como al mismo oxígeno, aunque aquel hombre es más tóxico. Y lo quiero lejos de mi vista. Y de mi vida. 

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