viernes, 1 de mayo de 2015

Ciudad

Hoy desperté sintiéndome vacía, abandonada, defraudada, con la necesidad de que me acaricies suavemente la espalda mientras simplemente pienso, pienso en nada, en no pensar, en querer no pensar, y no puedo no pensar. Necesito que salgas de mi cabeza, porque ya no es tu hogar. Y aunque quieras quedarte, y aunque quisiera que te quedes, ya no pertenecés más. Tenés que huir, huir lejos mientras tengas tiempo, mientras todavía tengas oportunidades, andate, dejame sola que es lo que necesito, y necesitás, salir a recorrer la ciudad que te espera, saltar algunos charcos, rozar con tus manos algunos ladrillos y observar alguna hoja empapada por la lluvia, decolorándose por la misma, formando una mezcla de colores que caen por un agujero sin fondo, como vos, y como todo lo que sos. Sacate las medias, sacate los miedos, corré, caminá, sentate con un par de paraguas a esperar a alguien que no va a llegar, alguien que no quiere verte, un ómnibus que no va a pasar. Dejá de buscar respuestas que no sos capaz de escuchar. Quiero que observes y fotografíes en tu cabeza cuadrada cada rincón de tu ciudad, y que luego, ya mayor, se las enseñes a tus nietos sin necesidad de una cámara. Y cuando te sientas mejor podés volver, y cuando quieras escucharme también.