martes, 28 de abril de 2015

Rutina

Me di cuenta que mi vida estaba siendo totalmente rutinaria ayer, lunes, cuando el profesor de dibujo nos dijo qué lámina hacer. Desde que empezaron las clases hacemos la misma lámina, una mujer con el curioso reflejo de una perla blanca y unos sensuales labios, que si observamos con tranquilidad encontramos a los mismos mojados, e incluso una gotita de saliva. El punto es que la dibujamos en dimensiones pequeñas. también en blanco y negro, ayer con sus colores originales y hoy, hoy con los colores que tenga ganas. Y por ahí la joven cambia, y por ahí veo diferentes etapas de mi vida, mis épocas más oscuras y también las más coloridas, pero no puedo evitar la notable rutina en la que me encuentro estancada, y a pesar que, para sentirme mejor me estoy levantando todos los días a las 10 de la mañana para desayunar, y luego hacer las cuatro comidas del día, mi orgullo de no querer tener una rutina puede más que todo, y ahí me pierdo, en los colores, en los años en que los beatles eran en blanco y negro, o en una lluvia lila de esperanza, pero la rutina se me sigue haciendo obvia, y marca presencia, tan profundo como quién se venga de su enemigo con una espada en mano. Y ahí trato de evitarla pero vuelve, y empiezo a recorrer caminos que no suelo observar, y empiezo a escuchar música que nunca me gustó, y a quedarme algunos minutos mirando una lampara de lava. Pero la rutina me acompaña, y no la quiero en mi vida, porque no es mi amiga, ni mi enemiga, no es nadie. No necesita una personificación ni quiero que la tenga, porque no quiero que se apodere de mi.